De relaciones con los jefes

Tanto si trabajas en relación de dependencia como si sos un trabajador independiente tenes un jefe, y no hay demasiadas opciones… Tu jefe puede despertar tres cosas en vos:

  1. Que te quieras quedar en la empresa,
  2. Que quieras abandonar (la empresa o tu equipo),
  3. Indiferencia absoluta.

Es más, un mismo jefe puede generar en nosotros que pasemos por los tres estadios en un lapso de tiempo relativamente corto. Pero, ¿por qué nos afecta tanto nuestro jefe? ¿Cómo llega a ejercer tanto poder sobre nosotros al punto de llegar a pensar  en abandonar nuestro trabajo con tal de no verlo más? Quizás sea porque es el tomador de decisiones en aspectos que nos podrían afectar como incrementos salariales, promociones o ascensos, asignación de proyectos, atender a determinados clientes, y una interminable lista de etcéteras.

Yo pasé por las tres posibilidades de arriba: Me quedé en una empresa a pesar de tener otras ofertas gracias al rumbo que delineaba mi jefe (entre una larga lista de cosas, claro), cambie de grupos de trabajo, incluso de empresas por el jefe que tenía. Pero, ¿saben cuál fue la situación en la que más desmotivado me sentía? En esas en las que la persona a la que reportaba me generaba una indiferencia absoluta (más tarde descubriría que, en caso de no controlarlo, esa indiferencia se convertiría inexorablemente en unas ganas terribles de buscar nuevos rumbos).

Y es que la Indiferencia es peligrosa… En Wikipedia alguien la definió así:

Indiferencia (sentimiento), un sentimiento o postura hacia algo o alguien caracterizado por no ser ni positivo ni negativo, intermedio entre el desprecio y el aprecio; y relacionado con la apatía.

Me quedo con esta parte: “Intermedio entre el desprecio y el aprecio” o en otras palabras: Estoy a la misma distancia de quererte o de odiarte. Tres pasos para un lado o para el otro y el futuro va a ser radicalmente en la relación que tengo con mi jefe. No sé a ustedes, pero no me gusta la indiferencia. No porque tenga un problema con ella, en realidad es un problema cuando me encuentro con un sentimiento así con gente con la que comparto mucho tiempo de mi vida, no solo en el trabajo, no solo con mi jefe. Pero, ¿encima una persona así toma decisiones que me afectan? Wow, eso complica un poco las cosas.

Pero acá viene la parte buena… Que hoy haya indiferencia no quiere decir que no podamos hacer nada al respecto. Por ejemplo, digamos, balancearla para el lado positivo. Y no porque quiera ser amigo de mi jefe por definición, sino porque no quiero “despreciar” a nadie, según la definición que alguien puso en Wikipedia. Las pocas veces que tuve una situación así pude revertir la situación (o balancearla, como dije antes) usando un viejo consejo popular: Hablando se entiende la gente. Y ahí también encontré una solución, ahora si para revertir, una situación un poco más delicada: Cuando ese jefe hacia que me llene de ganas de irme de la empresa (o del equipo). Ahí también “hablando se entiende la gente”.

Ojo, entenderse no significa que estemos todos de acuerdo y que nos demos un beso y un abrazo justo después de hablar. Ayuda a que sepamos de que la va cada uno, y expresar nuestra propia posición, que no por ser una posición tiene que ser inflexible, claro. Haceme caso, por lo menos esta vez. ¿Tan mala relación tenes con tu jefe? Dale una oportunidad. Date una oportunidad. Si después de hablar sinceramente todavía te queres ir, te voy a apoyar, pero quizás cambies de parecer.

Si tu jefe es de los que te motivan a que te quedes, ¿por qué no me dejas un mensaje contándome que hace para que no te quieras ir?

¡Gracias!

Foto por MacKinnon Photography 

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